VULNERABILIDAD DE ACUÍFEROS
CONCEPTOS Y MÉTODOS
Miguel Auge
Profesor Titular de Hidrogeología
Universidad de Buenos Aires
auge@way.com.ar
INTRODUCCIÓN
Desde que en Margat (1968) introdujera el término “vulnerabilidad
del agua subterránea a la contaminación”, se han sucedido
numerosas definiciones, calificaciones y metodologías sobre el mismo,
en muchos casos orientadas a su representación cartográfica.
Hasta la fecha, sin embargo, no se ha logrado consenso sobre
el alcance del término y en este sentido, existen dos grandes corrientes.
Una está representada por aquellos investigadores que
consideran a la vulnerabilidad como una propiedad referida exclusivamente
al medio (tipo de acuífero y cobertura, permeabilidad, profundidad,
recarga, etc), sin tener en cuenta la incidencia de las sustancias contaminantes
(vulnerabilidad intrínseca) y en la otra orientación, se
agrupan los que sí le otorgan, además del comportamiento
del medio, trascendencia al tipo y carga del contaminante (vulnerabilidad
específica).
También existen divergencias respecto a la utilidad de las representaciones
cartográficas y a si la vulnerabilidad debe mantenerse en un marco
cualitativo o pasar a otro cuantitativo. En este sentido en el Congreso
XXIX del IAH, realizado en Bratislava en 1999, se produjo una fuerte controversia
entre las escuelas alemana y checa, al sostener la primera la necesidad
de adecuar nuevas metodologías para transformar a la vulnerabilidad
en una variable cuantitativa, mientras que los checos propiciaron el mantenimiento
del alcance cualitativo del término, debido al inconveniente que
implica la asignación de magnitudes representativas a los componentes
y procesos que inciden en la vulnerabilidad.
En este trabajo se hace una breve referencia a las definiciones, a
los componentes y a los métodos más difundidos para caracterizar
a la vulnerabilidad del agua subterránea respecto a la contaminación
y se proponen dos nuevos; uno para acuíferos libres y otro para
semiconfinados.
DEFINICIONES
Vrba et al (1994) definen a la vulnerabilidad como
“una propiedad intrínseca del sistema de agua subterránea
que depende de la sensibilidad del mismo a los impactos humanos y/o naturales”.
De la definición se desprende que los autores incluyen en la misma
tanto al sistema subterráneo como a los contaminantes y dentro de
estos a los artificiales y a los naturales.
Foster et al (1991) dicen que la “vulnerabilidad
del acuífero a la contaminación, representa su sensibilidad
para ser adversamente afectado por una carga contaminante impuesta”. En
este caso al citar a una carga contaminante impuesta, los autores parecen
referirse solamente a una contaminación de origen artificial.
Custodio (1995) señala “la vulnerabilidad
a la polución expresa la incapacidad del sistema para absorber las
alteraciones, tanto naturales como artificiales”. Vuelven a aparecer aquí
procesos naturales y/o artificiales, como potenciales generadores de la
alteración.
Carbonell (1993) define la vulnerabilidad a la contaminación,
como la tendencia de los contaminantes a localizarse en el sistema de agua
subterránea, luego de ser introducidos por encima del acuífero
más somero. En este caso el autor considera solamente la acción
de los contaminantes.
EPA (1991) hace referencia a la vulnerabilidad subterránea
respecto a un plaguicida, como la facilidad con que un contaminante aplicado
en la superficie, puede alcanzar al acuífero en función de
las prácticas agrícolas empleadas, las características
del plaguicida y la susceptibilidad hidrogeológica. Esta definición
incorpora, además de las condiciones del medio, las propiedades
del contaminante y las prácticas de cultivo (vulnerabilidad específica).
Otro concepto íntimamente asociado a la vulnerabilidad
es el de riesgo a la contaminación, aunque este también genera
diferencias en su definición, utilidad y técnicas para el
mapeo.
Algunos autores (Foster, 1987) definen al riesgo
como el peligro de deterioro en la calidad de un acuífero, por la
existencia real o potencial de sustancias contaminantes en su entorno.
Otros (Vrba et al, 1994) lo asimilan a la vulnerabilidad específica,
que se refiere al peligro de contaminación del agua subterránea
respecto a un contaminante o familia de contaminantes de características
y comportamientos similares (hidrocarburos livianos o pesados, plaguicidas
organoclorados y organofosforados, metales pesados, etc.).
En el entendimiento del suscrito la vulnerabilidad
intrínseca tiene mayor utilidad en los trabajos de planificación
de uso del territorio y del agua, particularmente en los que respecta a
la preservación de la calidad del recurso en los sitios donde no
está afectado, ni se realizan prácticas como fertilización,
aplicación de plaguicidas, riego, cría concentrada de ganado,
ni actividades domésticas, urbanas o industriales, que por su intensidad
pudieren afectarlo.
La vulnerabilidad específica incluye parcialmente
el concepto de riesgo, toda vez que se refiere al peligro de deterioro
en relación a sustancias contaminantes específicas.
Con el objeto de clarificar, se cita un ejemplo sencillo:
a) un depósito con puertas sin llave ni candado, ubicado
en la zona rural, es muy vulnerable debido al fácil acceso; sin
embargo el riesgo de hurto o robo es bajo, porque en la región no
hay vándalos.
b) otro depósito, ubicado en la zona urbana y provisto
de fuertes cerraduras, candados y ventanas enrejadas, es poco vulnerable
pero de alto riesgo, debido a que existen delincuentes en la región.
MÉTODOS
Se citan las metodologías más empleadas para la cualificación y el mapeo de la vulnerabilidad.
DRASTIC. Fue desarrollado por Aller et al (1987) para EPA, con
el objeto de evaluar la vulnerabilidad intrínseca de los acuíferos.
Es un método de uso muy difundido, tanto para la cualificación
como para el mapeo y se basa en la asignación de índices
que van de 1 a 10, de acuerdo a las características y el comportamiento
de las variables consideradas en el acrónimo DRASTIC: D (depth -
profundidad del agua) R (recharge - recarga neta) A (aquifer – litología
del acuífero) S (soil – tipo de suelo) T (topography - topografía)
I (impact - litología de la sección subsaturada) C (hydraulic
conductivity – conductividad hidráulica del acuífero). El
índice
1 indica la mínima vulnerabilidad y el 10 la máxima.
Además de lo expresado, a cada variable se le asigna un
peso o ponderación, de acuerdo a la influencia respecto a la vulnerabilidad.
Para el peso ponderado se emplean índices entre 1 y 5, adoptando
los autores el mayor (5) para la profundidad del agua (D) y la litología
de la sección subsaturada (I) y el menor (1) para la topografía
(T).
Ambos índices se multiplican y luego se suman los 7 resultados,
para obtener un valor final o índice de vulnerabilidad, cuyos extremos
son 23 (mínima) y 230 (máxima), aunque en la práctica
el índice dominante varía entre 50 y 200.
DRASTIC también considera la incidencia de la actividades
agrícolas, en particular de los pesticidas.
Tanto este como el resto de los métodos que aquí
se mencionan, califican a la vulnerabilidad en forma cualitativa y su mayor
utilidad es que permiten realizar comparaciones relativas dentro de una
misma región, o entre regiones distintas. Además su aplicación
está restringida a acuífero libres.
Al DRASTIC se le critica la cantidad de variables que emplea,
la reiteración en el alcance de algunas de ellas (A y C), ambas
vinculadas a la renovación de agua en el acuífero, y la poca
incidencia de otras respecto a la vulnerabilidad.
SINTACS. Es una derivación del DRASTIC, desarrollado por
Civita et al (1990) para adecuarlo a las diversificadas características
hidrogeológicas de Italia y al requerimiento de un mapeo de mayor
detalle. El acrónimo SINTACS comprende: S (Soggiacenza – profundidad
del agua) I (infiltrazione - infiltración) N (non saturo - influencia
de la sección subsaturada) T (copertura – tipo de suelo) A (acquifero
– características hidrogeológicas del acuífero) C
(conducibilità – conductividad hidráulica) S (topografia
– pendiente topográfica).
Este método presenta una estructura compleja, tanto para
la entrada de datos como para la salida, por lo que su operación
se realiza mediante un programa cibernético preparado especialmente
para el mismo. A las variables mencionadas, que influyen en la vulnerabilidad
intrínseca, se les puede añadir la incidencia del agua superficial
y el uso de la tierra.
En la figura 1 tomada de Vrba et al (1994), se indican los pesos
relativos en % de las variables intrínsecas adoptadas para la región
de La Loggia – Carignano y, como puede observarse, la de mayor incidencia
respecto a la vulnerabilidad es S la profundidad de la superficie freática
(22) y la menor I la recarga neta (8).
Al SINTACS se le hacen las mismas críticas que
al DRASTIC del que deriva, con el agravante de que para su operación,
resulta imprescindible disponer del correspondiente programa de computación.
Figura 1
GOD. Este método propuesto por Foster (1987), se basa
en la asignación de índices entre 0 y 1 a 3 variables que
son las que nominan el acrónimo: G (ground water occurrence – tipo
de acuífero) O (overall aquifer class – litología de la cobertura)
D (depth – profundidad del agua o del acuífero).
En la figura 2 (Foster et al, 1991) se reproduce el diagrama
para cualificar la vulnerabilidad de un acuífero a la contaminación.
Los 3 índices que se multiplican entre sí resultan en uno
final (diagrama de salida - output) que puede variar entre 1 (vulnerabilidad
máxima) y 0 (mínima).
Esta clasificación incorpora al tipo de acuífero (libre
a surgente) que las anteriores no consideran y si bien es sencilla y de
fácil aplicación, también posee falencias como considerar
que no hay acuífero (ninguno).
Otros métodos similares a los descriptos, pero menos conocidos
y utilizados, son los desarrollados por Fenge (1976), Zaporozec (1985),
Marcolongo et al (1987), Sotorníková et al (1987), Schmidt
(1987), Villumsen et al (1983).
Figura 2
EKv. Auge (1995), considera que la vulnerabilidad “es un concepto cualitativo,
que en la generalidad se refiere al grado de protección natural
de un acuífero frente a la contaminación. Por ello también
se la conoce como protección o defensa natural”. En relación
a los acuíferos libres desarrolla una clasificación basada
en la profundidad de la superficie freática (E) y en la permeabilidad
vertical de la zona subsaturada (Kv). A ambas les asigna índices
que van de 1 (menos vulnerable) a 5 (más vulnerable), finalizando
en el diagrama de la figura 3 donde Kv es la permeabilidad vertical y E
el espesor de la sección subsaturada. Ambos valores se suman brindando
un índice final, con extremos de 2 y 10. Para índices de
E + Kv entre 2 y 4 la vulnerabilidad es baja, entre 5 y 7 media y de 8
a 10 alta.
El método es sencillo y de fácil aplicación, pero
sólo considera 2 variables.
5: con permeabilidades verticales (Kv) de 50 a 500 m/día,
está representado por arena mediana y gruesa, grava arenosa y grava.
4: Kv de 1 a 50 m/d, por arena muy fina a limosa, arena
fina y arena mediana a gruesa.
3: Kv de 0,01 a 1 m/d, por limo y limo arenoso.
2: Kv de 0,001 a 0,01 m/d, por limo y limo arcilloso.
1: Kv < de 0,001 m/d, por arcilla y arcilla limosa.
Figura 3
1 6 5 4 3 2
2 7 6 5 4 3
Kv 3 8 7 6 5
4
4 9 8 7 6 5
5 10 9 8 7 6
5 4 3 2 1
E
Es muy poco lo que se ha hecho respecto a la vulnerabilidad de
acuíferos parcialmente confinados o semiconfinados.
Seguidamente se transcribe un ensayo preliminar realizado
para la Red CYTED de Vulnerabilidad de Acuíferos (Auge, 2001).
Acuífero semiconfinado
La vulnerabilidad de este tipo de acuífero, está
controlada por las propiedades físicas y geométricas de los
acuitardos (permeabilidad vertical, porosidad y espesor) y también
por la diferencia de potencial hidráulico que guarda con el libre
sobrepuesto. Esta diferencia, que bajo condiciones de no alteración
generalmente es pequeña (algunos dm a pocos m), se magnifica en
los ámbitos bajo explotación, donde puede alcanzar decenas
y aún centenas de metros.
En la figura 4 se señala una relación hidráulica
natural con un Dh1 favorable al acuífero libre, que define el sector
de recarga del semiconfinado y un Dh2, favorable a este último que
tipifica al ámbito de descarga.
El acuífero semiconfinado sólo puede contaminarse
a partir del libre en el ámbito de recarga, pero no en el de descarga.
Figura 4
En la figura 5 la extracción generó una nueva relación hidráulica entre los dos acuíferos, cuya consecuencia más trascendente respecto a la vulnerabilidad del semiconfinado, es el descenso de su superficie piezométrica con la consecuente sobrecarga hidráulica del libre en el techo del acuitardo, lo que facilita la filtración vertical descendente y el acceso de contaminantes al semiconfinado.
Figura 5
La permeabilidad vertical del acuitardo (K') y su transmisividad
vertical (T'= K'/e') no son de fácil determinación. Una forma
es mediante ensayos hidráulicos, pero estos en general brindan
valores bastante más altos que los reales. Más preciso es
comparar la freatimetría con la piezometría de la misma zona
y obtener un mapa residual, con las diferencias de potencial hidráulico
entre el freático y el acuífero semiconfinado y a partir
de este último, conociendo el flujo por el acuífero parcialmente
confinado, estimar el valor de T'. Magnitudes de T' entre 10-3 y
10-6 día-1 son típicas de acuíferos semiconfinados,
mientras que las menores de 10-6 día-1 indican un alto grado
de confinamiento y las mayores de 10-3 día-1 apuntan hacia
acuíferos libres o semilibres. Un valor de T' = 5.10-4 día-1
significa que por cada metro de diferencia de potencial hidráulico
entre el acuífero parcialmente confinado y el freático, pasarán
por una superficie de 1 m2 del sellante, 5.10-4 m3 (0,5 litros) al cabo
de 1 día.
Los potenciales hidráulicos relativos de las unidades
hidrogeológicas involucradas, resultan fundamentales, pues condicionan
el flujo vertical.
Si los niveles son parecidos el flujo vertical a través del
acuitardo estará muy limitado (figura 6), pero la dinámica
vertical se acentúa notoriamente en condiciones de alteración
artificial (figura 7).
Figura 6
Figura 7
De los esquemas se desprende que la situación menos favorable
para la protección del acuífero parcialmente confinado, se
da cuando su potencial hidráulico es menor que el del freático;
o sea existe un gradiente hidráulico vertical negativo en profundidad
(figura 8).
Otro factor que incide en la comunicación hidráulica
es la continuidad areal y litológica del sellante, dado que los
cambios faciales suelen modificar notablemente su capacidad respecto a
la transmisión de agua (figura 8).
Figura 8
Considerando ambas variables (potenciales hidráulicos y transmisividades
verticales) se pueden establecer 3 grados de vulnerabilidad (alta, media
y baja), determinados primariamente por el gradiente vertical de potenciales
hidráulicos y secundariamente por la T'. Resulta importante señalar
que los potenciales hidráulicos pueden variar, tanto por causas
naturales (períodos de exceso o déficit) como artificiales
(extracción) y que ello puede modificar el sentido del flujo vertical.
Por lo tanto debe seguirse periódicamente (monitoreo) la evolución
espacial y temporal de los mismos.
Si se denomina H1 al potencial hidráulico del acuífero
libre y H2 al del parcialmente confinado, se tiene:
H2 > H1 vulnerabilidad baja
H2 ~ H1 vulnerabilidad media
H2 < H1 vulnerabilidad alta
A esto se le puede adicionar la resistencia hidráulica que ofrece el sellante al pasaje vertical.
T' < 10-5
1/día vulnerabilidad baja
10-5 < T' < 10-3
"
" media
T' > 10-3
"
" alta
CONCLUSIONES
· A más de 30 años de la introducción
del término vulnerabilidad de acuíferos a la contaminación,
aún se discute la definición y el alcance del mismo. En este
sentido, la mayoría de los autores considera a la vulnerabilidad
una propiedad cualitativa, que indica el grado de protección natural
de un acuífero respecto a la contaminación y en general,
termina calificándola como baja, media, o alta, a veces con el agregado
de muy para alta y baja.
· La definición anterior hace referencia
a lo que también se conoce como vulnerabilidad intrínseca,
que es aquella derivada de las características propias del acuífero
y su entorno, sin considerar la incidencia de los contaminantes. Cuando
además de las características físicas e hidrológicas
del medio, se toma en cuenta la incidencia de sustancias contaminantes,
la vulnerabilidad se denomina específica.
· Las variables más empleadas para
la cualificación de la vulnerabilidad o vulnerabilidad intrínseca
son: profundidad de la superficie freática, características
litológicas e hidráulicas de la zona subsaturada, espesor
y tipo de suelo, magnitud de la recarga, litología y tipo de acuífero.
Dado que algunos de estos componentes son dinámicos (posición
de la superficie freática, recarga, renovación) la vulnerabilidad
de un sitio puede variar en el tiempo.
· Existen numerosas metodologías para
cualificar la vulnerabilidad y permitir su mapeo a diferentes escalas,
la gran mayoría desarrolladas para acuíferos libres. Respecto
a los acuíferos bajo confinamiento parcial (semiconfinados), pues
el confinamiento absoluto no existe en la naturaleza, el desarrollo metodológico
es incipiente y por este motivo, uno de los objetivos del proyecto Vulnerabilidad
a la Contaminación con Nitratos del Acuífero Puelche en La
Plata – Argentina, que realizan conjuntamente las universidades de Madrid,
Buenos Aires y Sao Paulo, es precisamente desarrollar una metodología
de vulnerabilidad para acuíferos semiconfinados, tomando como base
el estudio del Puelche. Este proyecto se ejecuta en el marco de la Red
de Vulnerabilidad de Acuíferos patrocinada por CYTED.
· El avance en el desarrollo de modelos numéricos
y las ventajas que ofrecen sistemas como el GIS, permiten prever una progresiva
tendencia hacia la formulación de metodologías cuantitativas
en el futuro.
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